Vistámonos de lo nuevo


”Así que dejémonos de medir a los demás por lo que el mundo piense de ellos. Y aunque a Cristo lo hayamos conocido de esa manera, ya no lo haremos más. Por lo tanto, si alguien está unido a Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha quedado atrás y lo nuevo ha llegado! Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo por lo que Jesucristo hizo. Y Dios nos ha otorgado la tarea de la reconciliación”.
(2da Corintios 5:16-18 NBV) 


Un joven llamado Esteban tenía uno de sus zapatos rotos. En la base, una parte de la tela se había deformado y eso se traducía en una “globo” en su interior que le hacía doler mucho el pie. Mientras estuviera sentado no sufría demasiado pero al pararse o caminar podía vérselo con el cuerpo torcido o cojeando mucho, y en su rostro se notaba el sufrimiento. 

Un día alguien le regaló nuevos zapatos y su alegría al estrenarlo ¡era enorme! Dio los primeros pasos sin dolor mientras los probaba sonriente y agradecido. Al día siguiente, ya listo para ir a trabajar se vio al espejo y con sorpresa notó que su cuerpo no estaba 100% vertical; de hecho hasta una pierna la tenía encogida como si tuviera una lesión. Miró sus pies que en realidad ya no dolían en los nuevos zapatos, se enderezó con decisión, y salió. 

Al pasar las horas se descubrió a sí mismo caminando con cojera varias veces más y no entendió por qué siendo que sus pies ya no dolían. Luego de pensar en esto cayó en la cuenta de algo importante: aunque sus zapatos eran 100% nuevos, más cómodos, y mejores; él necesitaba aprender a usarlos. Parecía extraño pero debía “olvidar” la incómoda y dolorosa vieja forma de caminar; y permitirse adoptar naturalmente la nueva manera de andar que su flamante calzado le permitía. 

A nuestra espiritualidad a veces le pasa como a Esteban con sus zapatos: nos alegramos con lo nuevo que Dios nos da, lo recibimos, y abrazamos la transformación que producirá en nosotros, pero con frecuencia volvemos a notar que nuestro modo de andar sigue estando un poco defectuoso, sufriente, y tal vez tiene más que ver con lo que fuimos antes, que con lo que queremos ser ahora. Dejamos los “zapatos viejos” en el placard, pero llevamos su modo de andar en el corazón. Incluso, nadie se daría cuenta de nuestra nueva vida si nos vieran caminar.

 Es por eso que, todos los días, es necesario mirarnos en nuestro espejo espiritual, y analizar con sinceridad qué tanto hemos dejado que la vida de Dios se haga carne en nosotros. 

¿Cuánto de su persona, sus valores y sus enseñanzas habitan en nosotros? 

¿Cuánto de nuestro andar diario se va transformando a la medida de Jesús? 

Porque una vida nueva puede ser la esperanza de una transformación rotunda en nuestro caminar diario y nuestro entorno; o puede ser un molde que usemos por costumbre, sin cambios visibles, y que no queramos adoptar y disfrutar cómo podríamos. Así como Esteban y sus zapatos nuevos. 

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”

        David Gómez
        Director de Finanzas

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“Todos los días es necesario mirarnos en nuestro espejo espiritual, y analizar con sinceridad qué tanto hemos dejado que la vida de Dios se haga carne en nosotros”

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